zurdeando por la red

Cambio de trabajo


Aviso para navegantes: se viene queja sobre queja. Mierda de economía capitalista

No tengo mucho que decir aquí, salvo que he cambiado de trabajo. Es una historia complicada: la empresa en la que estaba antes (A) fue comprada por otra (C). Yo me fui de A en su momento a otra en Alemania (B) por varios motivos, y la verdad es que a ratos me dio algo de pena por los buenos compañeros en A y por ese ambiente más familiar que había, pero es que estaba quemado, a nivel de vida necesitaba un cambio de aires completo y, sinceramente, yo quería seguir aprendiendo y tocar más palos y ahí simplemente no se podía.

El caso es que, ahora en Alemania trabajando para B, unos antiguos compañeros que se vinieron aquí también con A me ofrecieron un trabajo en C (recordemos, compró A) pero para trabajar para el cliente en Alemania (D), como estaban haciendo ellos. El puesto tenía buena pinta y ellos estaban contentos con las tareas: todo más tranquilo, un buen equipo, las cosas, aunque lentas, iban saliendo… Todo muy bien.

La primera vez que me echaron el anzuelo fue el verano pasado. Yo estaba en una situación en B francamente mejorable: muchos de mis amigos se habían ido a otros trabajos y estaban contentos con el cambio, el ambiente estaba muy enrarecido en el equipo, yo me había mudado a esta nueva ciudad y estaba en remoto, etc. Yo quería un cambio, pero no cualquier cambio. Me apetecía un pequeño cambio en las tareas, moverme de un nicho a otro para aprender otras cosas, para no quedarme estancado, para hacer nuevos amigos y por trabajar en otros temas chulos.

El caso es que estuve dudando mucho: seguí el proceso hasta el final, pues llegué a recibir una oferta. Finalmente, hablé un poco con el jefe de quien sería mi jefe y tal y quien llevaría las cosas desde España y me decanté por el “no”. Nunca lo tuve claro pero es cierto que estuve cerca de picar. Pero tras hablar con este tipo, algo me dio mala espina y me retiré del proceso. Además, como estaba entrando sangre nueva en B, igual la cosa mejoraba y ya no se estaba tan mal. Merecía darle una oportunidad otra vez (espoiler: ¡ja!).

En fin, pasó el tiempo y la cosa en B mejoró momentáneamente pero la cosa siguió mal. Diría que incluso peor: a un chaval nuevo le echaron por mala actitud sin darle avisos de verdad ni acompañamiento para que no se fustrara. Uno de los amigos que me quedaba se enfrentó con el jefe tras quemarse mucho, se cogió la baja y finalmente se piró sin tener otro puesto asegurado. Afortunadamente en Alemania se puede acceder al desempleo aun habiendo dimitido.

La cosa no iba bien. Yo seguía echando a curros buscando ese cambio interesante, que tuviera sentido, sin estar muy desesperado y esperando a que saliera alguno de esos procesos. No salieron.

Desde C me volvieron a echar la caña. Esta vez, no solo para unirme sino para coordinar el equipo. Esta vez, tenía más claro el cambiarme de curro (estaba muy quemado según me dice mi pareja, a veces parecía un fantasma). El curro, aunque no era justo lo que buscaba, sí que me permitía cambiar un poco de temas (menos desarrollo de software, más operacional), me podría abrir puertas de cara al futuro y a los del equipo ya los conocía de antes y sabía que se trabajaba bien con ellos.

De nuevo, me metí en el proceso. Y en el durante, salió una oferta de trabajo en otro de los principales clientes de aquí (E). Yo quería meterme en D, así que eso era un punto negativo. Pero por el resto, tenía buena pinta. Dudé si echar: total, ya estaba en el otro proceso y sabía que me lo iban a dar. No quería hacerles el feo a mis ex/futuros compañeros. El caso es que la oferta desde C, o simplemente, actualizaciones sobre el proceso, no llegaban. Ya llevaba varias semanas esperando (mala señal #1).

Pensé: mira, echo a la empresa que lleva lo de E, que tiene buena pinta y me gusta y ya veremos. No sé nada de C. Tampoco voy a quedarme esperando. Menudo palo si luego no me cogen (buen pensado ahí).

A los dos días, me escriben, que les interesa mi perfil y que si podemos hablar la semana que viene. Concretamos fecha. Yo seguía sin saber nada de C. Un día antes me escriben que si podemos empezar antes que así RRHH me cuenta cosas y luego pasamos directamente a la entrevista técnica. Les digo que bueno, vale. Esto iba a ser a la hora de la comida (bendito trabajo en remoto cuando buscas curro).

Hacemos la entrevista: RRHH bien, la parte técnica muy bien (encantadores, preguntas interesantes, congeniamos). Al final se alargó 15 min más. Del plan de 1h pasamos a 1h45min (mal). Pasan las horas y me mandan la oferta. No me esperaba un movimiento tan rápido. Me deja un poco sorprendido. La oferta muy bien preparada: compensación, condiciones, beneficios detallados, planfletos de los beneficios. Daba gusto, la verdad.

En todo este tiempo, yo seguía sin saber nada. Me encontraba en un aprieto:

  • Oferta para E: salario ok, buenas condiciones, gente maja, empresa aparentemente seria y profesional, más presencia en la ciudad, un trabajo más de desarrollo de software pero dentro del tema que me gusta, incluso más amplio
  • Oferta C para D: salario y condiciones por saber, trabajar con unos amigos, un poco comprometido con ellos al ser la segunda oportunidad, más operacional, para D, en tema que domino pero desde otra perspectiva, más de liderazgo

Lo pensé. Mucho, pero no demasiado. El compromiso que sentía tenía con C por mis excompañeros ganó el pulso. También, claro, estaba el asunto de ser más de liderazgo, que siempre suena mejor en currículum, de que era para trabajar más de cerca con los satélites, y de que me metía en D.

Rechacé la oferta para E para no hacerles perder el tiempo y para no comerme yo más el coco. Sentía que ni siquiera debía haberme postulado porque nunca lo iba a coger por el compromiso que tenía con C.

Recibí la oferta unos días o una semana después de rechazar E. Llegó con un planteamiento distinto al que dije que prefería (#2). Eso sí, tenía muy buena pinta y era muy competitiva. Eché números. Volví a hablar. Me clarificaron unos puntos, quedaban otros pendientes (y ya me soltaron algún condicionante a la oferta, #3). Seguimos hablando. Yo, ya, que iba a hacer. Estaba quemado en B, había rechazado E, tenía ese compromiso con mis excompañeros/amigos. Acepté aunque con condicionante a que se terminaran de solucionar unos temas. Yo ya estaba mosca por lo complicado que estaba siendo todo. Dimití de B. Tuve que perseguirles para más aclaraciones por temas administrativos, un problema que había creado ellos por hacerme el planteamiento como les beneficiaba a ellos en vez de lo que dije que prefería. Yo ya estaba de morros y cabreado con C y ni siquiera había empezado. Eso me jodía enormemente.

Hoy me encuentro en mis primeras semanas con C en el nuevo curro. Y sigo esperando a que se solucionen esos temas (#4). A los tres días, me quejé a mi jefe directo (a quien ya conocía de A) y me dijo “¿ya andas con quejas el tercer día?” (#5). Suavicé el tono pero me por dentro me sentó fatal (de hecho, sigo cabreado). Mis quejas eran –y son justas–: la mitad de las condiciones por las que me uní están sin firmar y encima el tema pendiente de aclarar y al que condicioné mi firma no se ha terminado de definir, o al menos no se me dicho.

Yo, siendo como soy, me siento absolutamente gilipollas por confiar en una empresa (española) en el tema administrativo. El paquete que se me ofreció sigue sin estar firmado (¿en qué sitio serio esto no estaría firmado con la oferta?). Ya ando de morros con la empresa y con mi jefe. Llevo dos semanas.

Y encima de todo esto, ni siquiera soy miembro completo de D, uno de los motivos por los que me quería meter. Sospecho que me voy a aburrir bastante. La oficina está siempre casi vacía, así que pocos amigos y poca sensación de pertenecer a una gran organización que trabaja por algo importante voy a tener.

Vamos, siento que he cometido un error tremendo. No lo es, es solo un trabajo. Pero me jode haberme equivocado. Tenía otra opción que, a primeras, tenía buena pinta y con la que ahora fantaseo constantemente porque mi cabeza es así. Y dije que no principalmente por un sentimiento de compromiso con mis excompañeros tras haberles dicho que sí, que me interesaba.

Tengo que cambiar el chip si quiero al menos que esta experiencia no me mate el espíritu.

En resumen, motivos por los que estoy cabreado:

  • Ignorar malas señales de C.
  • Aun sabiendo que el trabajo no iba a ser muy interesante, haber dicho que sí.
  • Mismo patrón de otras veces: empiezo algo nuevo y ya estoy pensando en lo siguiente y/o en cuando irme, y ni siquiera darle una oportunidad a que me guste. Mucha de la insatisfacción es cosa mía por no saber lo que quiero.
  • Fantasear, casi de forma obsesiva, con una posibilidad que ya no es tal, todo por “escapar” de una realidad que no me satisface (ver anterior punto).
  • Por un compromiso ficticio en mi cabeza (aunque creo que esto no es realmente malo), no haberme priorizado sobre la otra empresa.
  • No haber sido asertivo durante las negociaciones con lo que a mí me convenía a nivel de condiciones, todo por mis prisas/desesperación con B y no querer esperar otra vez dos meses.
  • El mismo hecho de estar cabreado conmigo (el meta cabreo típico de un sobrepensador)

Me jode estar así y arruinarme una experiencia que debería ser interesante. Mis compañeros están contentos con el trabajo y las tareas. El trabajo es tranquilo. Esto debería despejarme mentalmente para tener energía por las tardes.

No sé, todo este asunto me molesta enormemente. Hay partes que son realmente motivo de cabreo y hay otras que debería aceptar que la he cagado y tirar p’alante. La sensación del compromiso sigue ahí y tampoco quiero cogerme mala fama de dificil, así que estoy en una situación complicada en el nuevo curro con la empresa que me paga (C). Aunque veremos si me pagan lo que me habían ofertado.

En fin, una mierda todo. Intentaré sacar el provecho que pueda a este curro, y si en verdad no me gusta o me aburro, ya me buscaré otra cosa. Algo interesante saldrá. Al menos parece que tendré la energía suficiente para prepararme mejor para esos curros chulos que no conseguí en el pasado.

Como todo, hay cosas malas y cosas buenas. Pero joder, jode empezar con un balance (real, no solo basado en esos aspectos que mi cerebro tanto quiere poner el foco) tan negativo.